—¿Recibieron sus nuevos aviones, no?
—Éramos uno contra ocho.
—Alto, ¡más dramatismo! Santpere, más dramatismo. Es el mensaje clave de toda la película: poner en evidencia la desigualdad respecto el armamento que están recibiendo los rebeldes y el bloqueo al gobierno legítimo de España.
Max Aub, dominador como pocos del lenguaje castellano, no ha perdido sin embargo su deje francés: grebeldes.
Mejuto[i], que acaba de entrar, le mira con cansancio. Él lo hace bien, y lo sabe. Pero a José Santpere le cuesta adaptarse al necesario dramatismo, olvidando sus décadas de comediante en el Paralelo.
—Fíjate el periódico de hoy: “Las bombas de los países intervencionistas alcanzan a un vapor holandés”[ii]. Pepe, ¿cómo crees que se sentían ayer los pilotos que intentaron repeler el ataque? Y los tripulantes del barco holandés alcanzado por las bombas, ¿eh?
Malraux, en un rincón, lo mira satisfecho. Es consciente de que ha hecho una buena elección. A buen seguro que el otro posible candidato a ayudante de dirección, Corpus Barga, no tendría la misma implicación.
El lunes, día 6 de junio, han empezado los ensayos en una dependencia de Laya Films a falta del permiso para instalarse definitivamente en alguno de los estudios de Montjuich. Un guion aún por redondear y con solo tres de los actores previstos: Mejuto (Severiano Andrés de nombre), Santpere (José) y del Castillo (Miguel), que hoy no ha ido, Respectivamente: Capitán Muñoz, Comandante Peña y Carral, en la película.
Ocupan una reducida estancia. Los actores, aún con el papel mecanografiado la víspera en la mano.
—Volvamos a empezar —gruñe Max.
Malraux mira su reloj; espera a que de nuevo, su asistente interrumpa con algún improperio, se le acerca y le dice:
—Me tengo que ir al aeropuerto. Hoy llega Boris[iii] y quiero que se sienta bien acogido. Usted siga. Nos vemos en su hotel.

Llegará una hora tarde. En el ministerio le han mandado un coche pequeño, un Ford 6 CV. En el Prat le esperan bajo un árbol, Peskine y Louis Page. Los lleva al hotel Majestic donde se alojarán. Después de comer, se les une Max Aub, acompañado de una bella periodista rusa, Bola, corresponsal de Pravda[iv],amiga de Malraux desde que fue su traductora durante su viajes a la URSS en 1934.
Por la tarde visitan el Comissariat de Propaganda. Allí, pueden saludar a las tres secretarias de Producciones Malraux (Marta, Zoé y Elvira). Un futuro colaborador de la película, el cámara Manuel Berenguer irá con ellos al cuarto piso, donde pueden visionar “Batallones de montaña” que él ha realizado[v]. Después, ya de nuevo en el primer piso, les presentan al guionista y director de producción Fernando G. Mantilla[vi], que se incorporará al equipo de rodaje, con el encargo de supervisar la ortodoxia de este según los criterios de la República que es quien financia el proyecto. Él y Piquer, operador, los acompañarán a ver los estudios cinematográficos disponibles en Barcelona. Aunque ya los vieron, quieren reforzar su decisión con la opinión de un técnico reputado. Quizá así, con el apoyo de Mantilla, Max pueda conseguir los permisos requeridos.
Primero visitan los Estudios Lepanto[vii], insonorizados en 1935, pero que consideran excesivamente pequeños. En aquel momento están rodando una película surrealista, con un caballo de cartón que les deja atónitos. A la vuelta, Peskine y Page discuten aparte sobre la conveniencia de meterse en el rodaje de una película en plena guerra civil y con los medios que, a pesar de la grandilocuencia de los españoles, intuyen que serán muy precarios. Quizá para rebajar la tensión, Malraux y Aub llevan a los dos franceses a ver la Sagrada Familia, que Boris Peskine considera: catalana, anarquista, surrealista, aunque también simpática y loca. Han cruzado calles bombardeadas, sacos terreros, entradas a refugios, lo que va asentando la idea del ruso de no quedarse en Barcelona durante el rodaje, por lo que, dado su origen, aducirá problemas de pasaporte en Francia. Sin embargo, sigue dubitativo dada la buena retribución prometida y los proyectos de lanzar la película en Estados Unidos que Malraux a expuesto hábilmente durante la cena.

A la noche hay buen ambiente: se reúnen Malraux, Aub, Peskine, Page y la periodista Bola, a los que se les une Pons, un arquitecto que ya había colaborado en la escuadrilla Malraux dos años antes y que ha viajado en el mismo avión.
A la mañana siguiente, 9 de junio, con Mantilla, el equipo va a visitar los estudios Orphea, las instalaciones mayores y mejor dotadas de Barcelona. Su vecindad con el Pueblo español, por donde pasean, les hace imaginar ya exteriores parecidos a Teruel. Malraux ya los ha visto y para él no hay duda, pero quiere que tanto Page como Peskine den su aprobación y lo oiga Mantilla. Todos coinciden en que son los mejores, aunque la insonorización sea muy deficiente.
Comen opíparamente antes de ir a ver exteriores. Bola les ha traído caviar, lo que no deja de sorprender en una ciudad en guerra. Luego, en un coche oficial, viajan a Montserrat y Cervera en búsqueda de exteriores. A falta de Teruel, la montaña mágica de los catalanes podrá dar el pego. El coche les deja a orillas del Llobregat, antes de llegar a Monistrol, desde donde cogen el funicular aéreo que les conduce al monasterio. Page lo ha visto al momento:
—La cámara aquí, mirando a la montaña, nos dará la impresión de que el avión se estrella, en la secuencia XXXVI.
A falta del guion técnico que preparará el ruso, todos tienen ya interiorizadas las ideas de Malraux respecto a la película. En el monasterio se están ultimando los preparativos para que sea un hospital[viii]. Aub se abraza con Manolo Altolaguirre, que se ocupa de la magnífica imprenta.
—Pero Max, ¿qué haces tu por aquí?
—Ni te lo imaginas. ¡Preparando una película! Te presento a Louis Page, un fotógrafo de renombre. Estamos buscando exteriores que se parezcan a Teruel.
— Pues yo estoy ultimando el poemario de Emilio Prados para el Ejército del Este. Y preparo otro de César Vallejo. Si todo sale bien, va a incluir un grabado de Picasso firmado por él[ix].
Altolaguirre a lo suyo, aunque aportará un colaborador que será de utilidad en una de las secuencias, representando a un voluntario árabe. Añade:
—Por cierto, que hace unos días me encontré en Barcelona con aquel joven que presenté hace años a Cernuda. Serafín[x], ¿te acuerdas? Quizá os sea útil para la película. Es guapo, de eso no hay duda, termina con una sonrisa maliciosa. También es poeta, y fue amigo de Federico.
El comisario de la Generalitat al cargo del cenobio, Carlos Gerhard[xi], entretanto, está enseñando a Malraux los espacios donde podrían alojarse los equipos de rodaje en el caso de que se filmara en la montaña. Peskine, ensimismado con los incunables de la biblioteca, intenta aislarse en sus pensamientos: “¿me conviene colaborar?” se pregunta constantemente.
Regresa el francés.
—Vamos, al coche. Ya tenemos Teruel. Ahora nos falta Linás. Si como me dijo, Max, Cervera tiene un aspecto rural, quizá sirva. Aunque no descarto lo visto en el Pueblo Español, tan cerca de los estudios. Sería tremendamente práctico.
Anochece cuando han terminado de dar una vuelta por el casco antiguo de Cervera. Page ha tomado fotos.

Por el camino, controles constantes retrasan su viaje de regreso. Mientras Max Aub duerme, exhausto, Malraux, Peskine y Page discuten de cine. El director está preocupado por los actores que ha reclutados hasta ahora, en especial aquel Santpere, habituado al quehacer teatral pero ignorante del cinematográfico. Desde luego, no tendría sitio en una película de Eisenstein, referencia para el francés.
Están hambrientos. A los pocos kilómetros, despiertan a Max:
—Aquella fonda que nos prometió, ¿dónde está?
El chófer apunta: estamos ya llegando a Igualada. Max se activa. Le indica el trayecto y al llegar, se dirige a la cocina, anunciando la visita de un “gran personaje importante”. Cenan bien: “Friture et côtelettes et du vin blanc”, recordará Peskine, quien al llegar al hotel indicará a Malraux sus condiciones para colaborar en la película. El director estará de acuerdo en principio, y como muestra del mismo, en presencia de Page, le entregará el guion con las escenas ya disponibles, la mayoría.

Al día siguiente, los franceses regresan a su país. El ruso tendrá dificultades para regresar a Francia. Por falta de autorizaciones, debe desistir de coger el avión y ha de llegar a Perpiñán en coche, desde donde seguirá viaje al día siguiente. En París, le espera Roland Tual, que ejercerá de director de producción de Sierra de Teruel.
Sentados en el parisino café de Flore, acordarán provisionalmente una retribución de 1000 dólares para su colaboración hasta el 15 de julio. La última condición que pone Peskine es la de no tener que desplazarse a Barcelona, ya que dada su condición de ruso “naturalizado y reformado”, no quiere que se le identifique con una producción republicana, y de paso evitará los riesgos en una ciudad bombardeada, que continuamente le recuerda su esposa a quien los amigos llaman CriCri. Corniglion-Molinier y Malraux aceptarán los términos del acuerdo, que finalmente se firmará el jueves 23 de junio.
Los dos hombres se encuentran de nuevo en Perpiñán el sábado 25 de junio. Hay una variación en la retribución, que pasa a ser de 20.000 francos más una eventual participación en los beneficios cuando el filme se proyecte comercialmente. Malraux está eufórico, excitado al ver que se acerca el inicio del rodaje, la culminación de una trayectoria que le ha tenido unido a la suerte de la República española desde el inicio de la guerra. Josette, que le acompaña, comparte esta euforia. Dice a su amiga Suzanne, el día 23[xii]: “¡Qué dichosa le hace a una la felicidad y qué bien sienta este clima! ¡Cómo está una hecha para esto! Cuando soy desgraciada, estoy fea y soy mala, ¿qué amaría él en mí? Pero ¡hoy existe entre nosotros algo tan tranquilo! Todo resulta fácil cuando André está aquí y no estamos en París.”
Sin embargo, el tiempo apremia. En La Depêche[xiii], leen las declaraciones del general Miaja, afirmando que Valencia puede llegar a ser un segundo Madrid. ¿podrán culminar su proyecto? En Francia todo parece fácil, pero en sus idas y venidas desde Barcelona, contemplan los frecuentes bombardeos y leen las noticias que indican que las fuerzas rebeldes avanzan en varios frentes. Finalmente han descartado Cervera, su hipotético Linás, como ubicación de rodaje a pesar de las buenas perspectivas vistas en su viaje semanas antes. A menos de cincuenta kilómetros del frente sería imposible obtener los permisos para un rodaje de varios días. En el mismo periódico, leen que desde Le Havre, parten 194 toneladas de plata de la República como pago de compras hechas en los Estados Unidos, lo que reafirma la necesidad de terminar cuanto antes la no iniciada aún película, para ser promovida en aquel país.
Los desplazamientos sufren algunos retrasos en la frontera, cerrada a las mercancías por orden verbal del lunes anterior. Durante las comidas, comentarán ampliamente la noticia leída en L’Independant[xiv], en la que se informa de la detención de franquistas que habían montado un centro de espionaje en Biarritz, entre ellos el marqués de Rebalzo[xv]. Max, que les consiguió el billete y ha ido a despedirles, queda pensativo. Tantos recuerdos agrios sobre la campaña de desprestigio que algunos de aquellos miserables habían orquestado contra él[xvi]. Para no pensar en ello, saca a relucir las repetidas noticias de ataques rebeldes a barcos ingleses o de otras nacionalidades, lo que puede hacer replantearse la No Intervención. Aub, tomando café, ha señalado el ejemplar del sábado 25, leyendo[xvii]: “Si siguen los ataques, la Gran Bretaña llamará a su embajador y, de no cesar, llegaría a embargar las exportaciones de cítricos y vino desde el bando franquista”. ¡Cínicos cabrones¡, ha dicho dando un golpe con la taza, que se ha vertido.
En Perpiñán Peskine celebrará repetidas reuniones con Denis Marion, en presencia de Malraux y, a menudo, Max Aub. Mme Peskine, CriCri, y Josette, que está radiante ante la posibilidad de compartir esta aventura con su amado, se pasean, compran, compartiendo mesa con sus atareados hombres. Las comidas en el hotel Victoria provocan discusiones sobre la bouillabaisse y su hermana catalana, la bouillinade, que no incorpora el cabracho o escórpora. Christiane Peskine, es marsellesa y defiende apasionadamente la primera. Malraux y Aub, después de días en la Barcelona en guerra, se regalan con opíparas comidas.
El martes 28, Malraux anuncia solemnemente que le han confirmado la transferencia del dinero. Para celebrarlo se desplazan a Casteil para una cena a base de tortillas y cordero asado, en un lugar que el autor conoce bien desde su estancia en Vernet para redactar L’espoir. Peskine, que parte chapuceramente el cordero, exclama: ¡espero que haré mejor el corte técnico del guion!
De vuelta a Perpiñán, cada uno a su hotel. Los Peskine y Malraux en el Grand Hotel, Marion y Aub en el Tívoli. Al día siguiente, los “españoles” (Malraux y Josette, Marion y Aub) regresaran a Barcelona y Peskine se apresta a hacer el guion técnico con los textos recibidos. Sin embargo, para aliviar la tensión vivida, pasan el día en la costa buscando un alojamiento más relajado, que encontrarán en el Grand Hotel de Banyuls.
Durante más de dos semanas, Boris Peskine trabajará intensamente, con alguna pausa durante la que visitará la costa con su esposa. Con la lectura de su proyecto de película, el ruso ve crecer su admiración por el escritor. Llega a decir: “Je ne connais pas un seul metteur en scène travaillant aujourd’hui en France qui approche de lui pour le sens de l’action cinématographique”.
El trabajo se ha desarrollado según lo previsto, así que el miércoles 13 de julio, llegan ya Denis Marion y su esposa, y por la noche también Malraux y Josette a quienes acompañará Max Aub. Después de una opípara cena, paseando por Port-Vendres, encuentran a Illya Ehrenbourg y su esposa, para gran alegría del ruso que puede hablar en su idioma con el periodista y escritor.
El 14 de julio, fiesta nacional, sigue la revisión del trabajo técnico realizado por Peskine. Malraux está cada vez más nervioso, la guerra pinta mal para la República española, el dinero va fluyendo en cuentagotas, algunos actores aún no han sido contratados y muchos colaboradores están con la espada de Damocles de la movilización.

Aunque el contrato de Peskine está previsto hasta el 15 de julio, faltan los últimos ajustes. Malraux, para impresionarle, le sugiere que cuando lance la película en Estados Unidos espera que le acompañe. El director quisiera que, en caso de necesidad, Peskine pudiera seguir ayudando, ya sea en Banyuls o en Barcelona.
La historia nos dice que Sierra de Teruel no fue presentada en Hollywood. Boris Peskine (1911-1991), al estallar la guerra mundial, fue detenido y recluido en los campos de Drancy y Austerlitz, de donde, después de un breve periodo de libertad, fue deportado a Dachau. Liberado el 5 de mayo de 1945, recibió la medalla de la Resistencia. No volvería a trabajar en tareas relacionadas con el cine.
VIDEO MALRAUX EN CATALUÑA (30″ subtitulado)
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NOTAS:
[i] Andrés Mejuto, a la sazón capitán en el ejército, nos cuenta su experiencia: “Vinieron a buscarme para hacer lo de André Malraux y tuvieron que autorizarme porque lo pidieron desde la central del ejército… Gente relacionada con Federico García Lorca (retengamos el dato), que tenía contacto con Malraux y Max Aub, le indicó que había hecho cosas como actor y él me llamó a Barcelona en 1938”. Aunque quizá dramatiza en exceso la situación (o no). “El rodaje estaba hecho a trozos, con bombardeos, huyendo del edificio porque sabíamos que venían a bombardearlo. Franco sabía que se estaba rodando esa película aquí y hacía todo lo posible por evitarlo” (“Testimonios”. En Sierra de Teruel, 50 años de esperanza. Archivos de la Filmoteca. Año 1, nº 3. Valencia, Filmoteca de la Generalitat Valenciana. Página.204)
[ii] La Vanguardia, 8.6.1938. Página 1
[iii] Boris Peskine, colaboró en el guion técnico. Gran parte de este capítulo está basado en sus memorias no publicadas, visibles en: http://docplayer.fr/187080876-Notes-de-boris-peskine-a-propos-de-la-preparation-du-tournage-de-l-espoir-juin-juillet-1938.html
[iv] https://www.visorhistoria.com/una-rectificacion-bola/
[v] Documental sobre el Estado Mayor del Ejército del Este, producido por Laia Films, de 10 minutos de duración. CAPARRÓS, José Mª. (1977) El cine republicano español 1931-1939. Barcelona, Dopesa. Página 194.
[vi] Completa biografía en: https://www.filosofia.org/ave/003/c065.htm
[vii] El éxito en la producción de películas hizo que en 1935 se inauguraran los platós sonoros de los Estudios Trilla y Lepanto, y los de doblaje de Adolfo La Riva y de la MGM. http://www.xtec.cat/~xripoll/hcinec3.htm
[viii] https://www.visorhistoria.com/clinica-z-en-montserrat-1936-1939/ por RIUS i BOU, Àngels (2023). Impremta i biblioteca a l’hospital military de Montserrat (1936-1939). Publicacions de l’Abadia de Montserrat.
[ix] https://elpais.com/espana/catalunya/2021-04-13/montserrat-1938-hospital-e-imprenta-del-ejercito-republicano.html No se publicaría hasta inicios de 1939, días antes de abandonar el monasterio. Curiosamente, Picasso firmó el grabado el mismo día en que Malraux y Aub visitaban Montserrat.
[x] https://www.visorhistoria.com/el-deseo-truncado-serafin/
[xi] https://raco.cat/index.php/QuadernsVilaniu/article/view/107599/135417
[xii] CHANTAL, Suzanne (1976). Un amor de André Malraux : Josette Clotis. Barcelona, Grijalbo. Página 113
[xiii] La Dépêche, 24.6.1938. P. 2
[xiv] L’Indépendant, 23.6.1938. P. 1.
[xv] Aquí un gazapo curioso, ya que la expulsión del representante franquista, así como de Bretrán y Musitu y otros colaboradores del espionaje franquista, se realizó en verano, ¡concretamente, el 30 de julio de 1937! (BARRUSO BARES, Pedro (2008). Información, diplomacia y espionaje (La Guerra Civil en el Sur de Francia -1936-1940). San Sebastián. Ed. Hiria. Página 132. ¿Periodismo conmemorativo? No es el único error: el marqués de Rebalso (con s), era a la sazón presidente de Izquierda Republicana, el partido de Azaña. El expulsado fue Francisco de Asís Moreno y de Herrera, conde (no marqués) de los Andes. La imagen ha sido obtenida en: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k52726411/f1.item
[xvi] https://www.visorhistoria.com/1937-max-aub-y-el-timo-de-los-bacilos/ y diversos artículos de VisorHistoria ahondando en el tema
[xvii] L’Indépendant, 25.6.1938. P.1